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FERNANDO TRAVERSO CON EL SANTO DE LOS POBRES.
En los inicios del setenta Fernando Traverso fue alumno de la escuela de Artes Visuales de Rosario. Y en los años noventa Fernando irrumpe en el medio plástico en la ciudad, a mediados de esta década su obra comienza a visualizarse, con representaciones de una bicicleta, que alude a los desaparecidos y a la memoria, son las víctimas de militares responsables del mayor genocidio en Argentina. Durante ese periodo milita políticamente en barrios de la ciudad y ya iniciado el gobierno de facto, con el asedio represivo, se refugia en una pequeña ciudad en la provincia de Corrientes.

Instalado en Saladas, Traverso colabora con su amigo en cuya casa se aloja y fue ayudante camionero, paralelamente hace trabajo en diseño gráfico, mediante serigrafías sobre telas, por encargue y ventas de banderines publicitarios. De ese modo transcurre su encierro de varios años.
Al estar cerca de la ciudad de Mercedes perteneciente a territorio correntino, Traverso, no es ajeno al fenómeno del Gauchito Gil y del santuario de devoción popular que se ubica a 7 km de esta localidad en zona rural. Los 8 de enero fecha del fallecimiento, todos los años es visitado por más de trescientos mil fieles con sus promesas a cambios de milagros, ofrendas y agradecimientos. Sus devotos no solo son del litoral argentino, sino también más allá del territorio y de países limítrofes. Los camioneros los adoptaron cómo santo, lo difunden por las carreteras en todo nuestro territorio y señalizan con santuarios la imagen del gauchito gil identificados por banderas y cintas rojas.
.Se indica que bajo un árbol fue el sitio dónde lo sacrificaron en 1878, a los 38 años. Las historias y leyendas coincide que el gauchito era peón de campo y tiene la mala suerte de enfrentase con el comisario por el amor de una mujer. La máxima autoridad de Mercedes, aprovecha los antecedentes cómo desertor de Antonio Mamerto Gil Núñez, así era su nombre y lo condena a muerte, tiempos permitidos para aquellos infractores de la vergonzosa lucha fratricida contra el Paraguay, llamada Guerra de la Tiple Alianza, integradas por Argentina, Brasil y Uruguay (1864 -1870), dónde los milicos correntinos estaban divididos entre liberales y autonomistas, los primeros se identificaban con el color celeste y los segundos con el colorado, a este último pertenecía el Gauchito Gil. Y en ese enfrentamiento y malestar el gauchito se tomó el raje y se hace desertor.
Para ese tiempo ya comenzaba su notoriedad como valiente para el cuchillo, y enrolado en la ideología de los autonomistas se distinguió en las refriegas con sus opositores liberales.
También tildado de bandido, asaltante de ricos y benefactor de pobres.
Entre los trascendidos, se dice que pocos minutos antes de ser ejecutado, le dice al comisario que ya estaba llegando desde la sede policial de Goya los papeles de su inocencia y que cuando vuelva a su casa comprobaría que su hijo se estaba muriendo y solo se salvaría si lo invocaba a él y rezaba en su nombre.
La sentencia fue consumada colgado cabeza para abajo y fue degollado. Su verdugo inmediatamente regresa a su casa y se encuentra con la descripción premonitoria del gauchito.
El comisario en una reflexión de fe salva a su hijo, y vuelve arrepentido al paraje donde estaba el árbol y el cuerpo de Antonio Gil y le da un piadoso entierro, este es el instante donde nace el mito de “guachito gil”. Estos sucedidos toman estado público y pronto circula la noticia boca en boca, muchos acuden al árbol con sus pedidos, promesas y devociones y es dónde surge la leyenda y hoy continúa, cada vez más, a 143 años de aquella desventura.
Traverso aprovechando la cercanía entre Saladas y el Santuario, asiste asombrado a la celebración mayor de 8 enero donde lleva sus banderines hecho en tela e impresión serigráfica, la gente le compra como suvenir, es tal el éxito comercial y cómo el gauchito siempre convoca mucha gente se hace un asiduo concurrente, que le permite subsistir en su exilio.
El artista Traverso no para con el asombro por las escenas de fe de los concurrentes, es motivo de ponderación y lentamente se hace simpatizante de la fe. Entre las cosas que desea es poder regresar a su hogar de Rosario y salvar su vida de la persecución militar. Estar en suelo argentino no le garantizaba ningún seguro como escondiste.
Una noche Traverso llegó de Mercedes cansado, de una jornada larga, de su actividad comercial en el santuario, luego de una ducha y unos mates amargos, se acostó con mucho sueño. Sin interrupción se durmió hasta su horario habitual de las siete de la mañana, se quedó un rato en la cama y repasó el sueño extraño que había tenido, se decía que nunca recordaba sus sueños y menos con tanta nitidez.
El paisaje escenográfico extendido, banderas coloradas que se batían al viento, velas rojas ordenadas rítmicamente y encendidas daban al ambiente un clima de neblina atmosférica, un humo cinematográfico. Se escuchaban murmullos, sonaba a rezos y letanías de multitudes; a las vista un espacio similar a calle y en la distancia de la perspectiva se veía una silueta masculina que se acercaba, se cruzan y Traverso que caminaba en sentido contrario en silencio pasó de largo.…..Oye… Bicho podés saludar, le dice el transeúnte, estamos solos en el lugar
Perdón ¿nos conocemos? responde Traverso y continua, ese apodo que usted usa muy poca gente conocen.
Sí, pero no… y te aclaro que no soy policía, pareciera ser tu miedo y de ahí tu curiosidad…quedate tranquilo jajajaja.
¿Qué sabés de mí? Hablás como si me conociera, insiste Traverso
No te asuste, te veo cada tanto vender tus banderines, llevo control de todo lo que pasa aquí, ah…me tengo que ir, creo que vamos a seguir viéndonos…hasta pronto.
Adiós ¡no me dijiste tu nombre!
¡Ya vas a saber de mí! Me vas a ver actuar cotidianamente en tiempo completo las veinticuatro horas ¡Adiós!
La situación preocupó a Traverso, sin duda que el lugar era el santuario y ese desconocido que lo llamó con su nombre de militante villero y además lo tenía registrado que era vendedor, además le dice tengo control de todo en ese lugar inmenso, donde llegan hasta doscientas mil personas en un día. Continúa en la cama y piensa, menos mal que fue un sueño, de lo contrario me tendría que rajar urgente de este lugar.
En los días siguientes continuó con las impresiones de los banderines del Gauchito con su imagen diseñada en colores rojos y negros, los promeseros los compraban para regalos.No pasó mucho tiempo que despierta con la novedad de un nuevo sueño, es el mismo contexto, el mismo clima, que si bien aludía al santuario, era poco terrenal.
Aparece el mismo personaje, esta vez sentado y su vestimenta era de gaucho, eso no le llamó la atención porque en la zona es común que vistieran los paisanos de ese modo, cómo también es común que estén todos vestidos de colorados o celestes, la división de los autonomistas y liberales, toda una tradición correntina.
Te esperaba, le dice, el hombre sentado en una silla petiza y de paja. y para qué le responde Traverso Siento que sos hombre de poca fe, que a pesar de ver gente de profunda espiritualidad y que expresan grandes emociones, gente sufrida que acuden por desesperación, vos seguís indiferente. Tendría que procurar hacer un cambio en tu alma, eso te traerá grandes alegrías. Y el señor te recibiría en sus brazos.
-– ¿qué? No te metas con mi fe, yo vengo también de una vida dura y creo que el cambio que se necesita es social y de ahí vendrán los tiempos para las cosas espirituales, primero está la sociedad más justa sin desigualdad, sin hambre y terminar con los explotadores.
– – bien por vos… eso está bárbaro, pero no debemos descuidar nuestra conexión con nuestro creador. Acercate al Gauchito y verás que tu vida cambiará. No es un santo, pobre, lo acusan de todo y hasta fue degollado, él solo sigue defendiendo a los pobres y es mediador con el señor y la gente necesitada.
¿vos sos cura o pastor? Lo único que faltaba es que me vengas a melonear.
– Dale tiempo al tiempo, yo sé porque te digo. Nos volveremos a ver. ¡Hasta luego!.
Traverso se quedó en silencio y muy preocupado.
Así pasaron sus días, dos sueños recurrentes, como si fueran capítulos de novelas. ¡Esto no me puede pasar a mí!.
.Tiempo después, despierta Traverso y se encuentra con un a panorama similar, ni que fuera programado y en secuencias. Poco tiene que ver por un proceso onírico discontinuo, espontáneo. ¡Cosa e mandinga ¡
Te dije hasta luego, le dice el forastero, pasó algo de tiempo, pero, ésta es la última vez que nos veremos de este modo.
¿qué te vas?… estuve pensando mucho lo que me dijiste y no sé que creo. Me hiciste el bocho.
No, el que se va sos vos, pronto volvés a Rosario y si luchás mucho tus objetivos se van a ser realidad, te van a reconocer y vas a tener popularidad, eso si no te olvide de Dios y de Antonio Gil. Es todo lo que te digo.
Estás reloco… ¿ahora sos adivino también? Me seguí tomando el pelo, loco del remate.
Traverso se pone muy nervioso, y no ve más al Transeúnte, en ese momento se despierta y tuvo ganas de llorar.
